Como ya os comenté en el anterior post, una de las mayores curiosidades de las piedras de Ica son sus escenas de sexo entre hombres, que hoy pueden escandalizar a cualquiera (parece mentira que en vez de avanzar la humanidad haya ido para atrás en ese sentido), pero que al parecer para los que tallaron esas piedras era algo tan cotidiano que no les resultó ninguna extravagancia plasmarlo en ellas.


Otras civilizaciones ya nos habían dado lecciones sobre cómo había de verse el sexo gay, tan natural como el heterosexual; los griegos por ejemplo era otro pueblo que no escondía sus gustos homosexuales, y que no dudaba tampoco en plasmarlo en pinturas, escritas u otras manifestaciones de arte. Pero teniendo en cuenta que estas piedras podrían datar de más atrás en el tiempo, no se entiende muy bien que la civilización que las creó estuviera tan bien desarrollada tanto tecnológica como socialmente.
Y si además nos atrevemos a pensar en seres venidos de otro planeta mucho más avanzado que el nuestro, es toda una lección su forma de ver las relaciones gay (también decir que no parece haber entre estas piedras manifestaciones del sexo entre mujeres, no sabemos si porque no estaba bien visto, porque no era tan habitual o simplemente porque los artistas no lo consideraban importante). ¿Cuántos años hará falta a la humanidad para considerar normal lo que en la naturaleza ya lo es, y es más, también en otros mundos? Esa es una de las señales que define a una sociedad desarrollada, la tolerancia y la normalización de aquello que no perjudica a nadie aunque no sea una actuación mayoritaria, y que hace a los individuos que lo practican más libres y felices, sin menoscabo de la felicidad comunitaria.
Nuestra sociedad del siglo XXI se esfuerza mucho por los mayores avances científicos y tecnológicos, y eso está muy bien, pero no avanza demasiado en los derechos sociales, y lo que es peor, tampoco en los de los individuos. Las religiones, principalmente las monoteístas, a través de los siglos han tratado a los homosexuales como apestados que ni siquiera eran merecedores del amor del dios de turno simplemente por amar a alguien de su mismo sexo (fíjate qué contradicción en alguien que se hace llamar representante del amor entre iguales). Son muchos los países que a día de hoy castigan las relaciones entre personas del mismo sexo, y por desgracia, no parece que la cosa vaya a cambiar a corto plazo.